Cuando entender la IA se vuelve requisito para graduarse
Cuando entender la IA se vuelve requisito para graduarse
¿Qué tiene que dominar un universitario para graduarse en 2026? Leer con profundidad, escribir con claridad, razonar con números… y ahora, en el sistema universitario público más grande de Estados Unidos, entender la inteligencia artificial. Desde este otoño, los estudiantes nuevos de los 64 recintos de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) encontrarán la alfabetización en IA integrada a su educación general, al mismo nivel de las competencias que definen a una persona educada.
La decisión viene de la junta de gobierno del sistema, que aprobó a finales de abril una política de inteligencia artificial para todos sus recintos. El marco exige adiestramiento en uso responsable para facultad, personal y estudiantes, obliga a evaluar las herramientas por sesgo, protege los datos académicos y somete a supervisión adicional los sistemas de alto riesgo: los que pueden afectar el progreso académico de un estudiante o su acceso a servicios. Cada recinto tiene hasta el 31 de diciembre para publicar su propia política. El calendario aprieta a propósito, porque quieren que el estudiante encuentre coherencia entre un campus y otro, no 64 reglamentos que se contradicen.
De todo el documento, tres decisiones me detuvieron. Te las presento en orden de importancia, de menor a mayor.
La primera es la protección de los datos. La política establece que la información de estudiantes y personal no puede usarse para entrenar modelos comerciales externos; cualquier entrenamiento queda limitado a uso interno del sistema y bajo términos contractuales estrechos. El jefe de seguridad informática de SUNY, Jesse Sloman, lo explicó así: no quieren que un estudiante use una herramienta del sistema y que sus datos terminen mejorando un producto ajeno. He observado demasiados contratos tecnológicos en educación donde nadie hizo esa pregunta a tiempo. Aquí la hicieron antes de firmar.
La segunda es el lugar que le asignaron a la persona. La política ordena preservar la autoridad humana en las decisiones y reserva el escrutinio más estricto para los sistemas que influyen en consecuencias reales: calificaciones, progreso, acceso a recursos. La meta declarada es darle más alcance a la facultad —más tutoría personalizada, mejores alertas tempranas para detectar al estudiante que se está quedando atrás— mientras el juicio sobre cada caso sigue siendo de alguien con nombre y apellido. He vivido implementaciones donde ocurre lo contrario: el sistema decide y la persona firma. SUNY escribió en política lo que debería ser sentido común.
Y la tercera, la que más celebro como profesor universitario, es dónde colocaron la alfabetización en IA. No crearon un curso aparte de tecnología. La integraron a la competencia de alfabetización informacional, la misma que enseña a evaluar fuentes, a distinguir información confiable del ruido y a entender las dimensiones éticas de usar y crear información. Esa colocación dice algo que llevo años defendiendo en mis cursos: entender la inteligencia artificial es una destreza de pensamiento antes que una destreza técnica. El estudiante que sabe pedirle cosas a un modelo pero no sabe evaluar lo que el modelo le devuelve no está alfabetizado; está entretenido. Evaluar esa respuesta —de dónde salió, qué le falta, en qué se equivoca— es metacognición aplicada: pensar sobre lo que la máquina pensó por ti. Sócrates no tuvo acceso a un modelo de lenguaje, ¿verdad?, pero el método que nos dejó sirve exacto para esto: interrogar la respuesta hasta que muestre sus costuras.
Llevo más de dos décadas en la universidad y reconozco el patrón de las reformas que funcionan: definen la destreza, la ubican dentro de lo que ya se enseña y le ponen fecha. SUNY hizo las tres cosas. Lo que venga después dependerá, como siempre, de cada profesor frente a su grupo, porque una competencia en el papel no educa a nadie. Pero el mensaje del papel es correcto, y conviene que otras instituciones —incluidas las nuestras— lo lean con calma: formar en inteligencia artificial es formar el juicio de quien la usa. Todo lo demás es adiestramiento en botones, y los botones van a cambiar el año que viene.
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Soy el Dr. José R. Ferrer López. Llevo más de 30 años en la educación y más de 15 en la administración; como catedrático, mi oficio es educar a educadores y capacitar a quienes capacitan a los profesionales del país. Soy autor bestseller en Amazon, y mis cursos de enseñanza, liderazgo, innovación, cursos en línea y uso efectivo de las tecnologías —incluida la inteligencia artificial en los procesos educativos y administrativos— figuran entre los más exitosos y respetados en su campo. Si el ángulo ético de este tema te quedó dando vueltas, en mi curso Fundamentos éticos en el uso de la Inteligencia Artificial trabajo justo esas preguntas; puedes verlo con el resto en drjoseferrer.com/cursos.