¿Quién escribe cuando tú firmas?

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Escritura / Marca Personal

¿Quién escribe cuando tú firmas?

Cuatro de cada diez publicaciones largas en LinkedIn no las escribió la persona que las firma. Lo encontró Pangram Labs, una firma de detección de contenido generado por inteligencia artificial, al analizar más de un millón de publicaciones en LinkedIn, X, Substack, Medium y Reddit. LinkedIn resultó la plataforma más saturada: más del 40 por ciento de sus textos de más de 250 palabras fue marcado como escrito por completo por una máquina. Y aunque LinkedIn aportó solo una tercera parte de las publicaciones analizadas, concentró cerca del 62 por ciento de todo el contenido artificial detectado.

Dentro del estudio hay un detalle que me interesa más que el número grande. La gente delega su escritura justo donde su nombre real está en juego. Pangram lo reporta con algo de asombro: los usuarios están mucho más dispuestos a dejar que la inteligencia artificial hable por ellos en espacios profesionales atados a su identidad, y mucho menos en plataformas casuales o anónimas. En Reddit, donde casi nadie sabe quién eres, la gente escribe a mano. En LinkedIn, donde cada publicación construye o erosiona una reputación con nombre y apellido, la gente suelta el micrófono.

Una marca personal es una manera de ver reconocible, sostenida en el tiempo. He acompañado a muchos profesionales en ese proceso y el patrón se repite: los que destacan tienen algo en común, y es que podrías reconocerlos sin mirar la foto de perfil. Tienen un ángulo propio, ejemplos que vivieron, hasta manías de estilo. Eso toma años acumularse. Y se puede regalar en meses, publicación a publicación, si dejas que un sistema redacte por ti lo que se supone que te distinga.

Escribir es pensar en cámara lenta. Cuando redactas tú mismo una idea descubres lo que de verdad sabes y lo que solo creías saber; eso es metacognición aplicada, y Sócrates lo provocaba con preguntas hace veinticinco siglos. Si una máquina redacta por ti de principio a fin, ese proceso desaparece: tu perfil publica, pero tú no piensas. Tarde o temprano se nota. Se nota en el comentario que no puedes sostener, en la reunión donde alguien espera al profesional brillante del feed y encuentra a otro.

La herramienta no es el problema; yo uso inteligencia artificial a diario y capacito a otros para usarla bien. El problema aparece cuando le entregas la parte del trabajo que te hace tú. Por eso aplico tres reglas al escribir con ella. Lo primero: la idea, la postura y el ejemplo vivido salen de ti antes de abrir cualquier herramienta. Lo segundo: la inteligencia artificial puede ayudarte a investigar, ordenar y recortar, pero no a decidir qué piensas. Lo tercero: antes de publicar, hazte una prueba sencilla — si un colega leyera el texto sin tu nombre, ¿sabría que es tuyo? Si la respuesta es no, todavía no está listo.

Una aclaración justa: los detectores de contenido artificial se equivocan. Trabajan por probabilidad y producen falsos positivos, sobre todo con personas que escriben en un idioma que no es el suyo. El 40 por ciento exacto admite discusión. La tendencia que describe, mucho menos: la propia plataforma anunció que penalizará el contenido genérico hecho a máquina, con un recordatorio que parece dirigido a cada usuario — tus publicaciones deben representar tu voz y tus perspectivas.

Todo esto deja una oportunidad abierta para quien quiera tomarla. En un feed donde cerca de la mitad de los textos largos suena igual — pulido, balanceado, sin nadie adentro — sonar a ti mismo se volvió un bien escaso. Escaso y, por lo mismo, valioso. Tu experiencia, tus ejemplos, tu manera particular de explicar: eso ninguna máquina lo tiene, porque no lo ha vivido. La próxima vez que vayas a publicar, pregúntate quién está escribiendo. Si la respuesta no eres tú, quien va desapareciendo de ese feed, poco a poco, también eres tú.

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Soy catedrático, con más de treinta años en la educación y más de quince como administrador. Educo a educadores y capacito a quienes capacitan a los profesionales del país, y este tema me toca de cerca porque enseño justo eso: a usar la inteligencia artificial sin que borre a la persona que la usa. Soy autor bestseller en Amazon, y mis cursos — enseñanza, liderazgo, innovación, cursos en línea y uso efectivo de las tecnologías, incluida la inteligencia artificial en procesos educativos y administrativos — están entre los más exitosos y respetados de su campo. Si quieres construir tu voz profesional con método y no a tientas, en mi curso “Mapa para el Desarrollo de tu Marca Personal” te acompaño paso a paso: https://drjoseferrer.com/cursos/

Comments (2)

  1. Buen post, muy claro y útil. ¿No crees que los detectores podrían desalentar a quienes escriben en segunda lengua por los falsos positivos? Me interesa saber cómo ajustar las tres reglas para quienes aún no tienen un “ángulo propio” marcado.

    1. Saludos, Aitana. Gracias por leerme y por compartir tus pensamientos.

      Sobre los detectores: cuando capacito a otros reitero que no los recomiendo para evaluar texto. Si se usan, debe ser como parte de un conjunto de técnicas que vaya más allá de la tecnología, y que redunde en ofrecer feedback o ayudar a la persona a salir de esa conducta. No para castigar, porque legalmente no se sostiene y puede volverse en contra de quien acusa. Tu preocupación por quienes escriben en segunda lengua es válida y va justo en esa dirección.

      Sobre las tres reglas y el ángulo propio: qué bueno que lo mencionas, eso quiere decir que el mensaje llega. Después de tantos años escribiendo, cuando busco desarrollar esto en mis estudiantes enfatizo la estructura más que la creatividad. Antes de tu opinión: ¿por qué escribo? ¿Me motiva algo, un evento, un sentimiento? Luego, explicar el problema, por qué es un problema, por qué vale la pena comentarlo. Después, qué dicen otros: la evidencia, los estudios, las opiniones a favor y en contra.

      Una vez escribes con esa estructura, te viste obligado a usar la metacognición. ¿Llegué a mi propia opinión? ¿De dónde viene? ¿Por qué pienso eso? ¿Es todo de lo que investigué o hay elementos personales, experiencias, aprendizajes previos, creencias aprendidas — a veces sin fundamento?

      De ahí sale lo original, lo del autor. Por lo menos así lo comparto con mis estudiantes. Y sabes, me lo agradecen. Se abren al observador interno: ¿por qué pienso lo que pienso?

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